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CARTA ABIERTA A LA CIUDAD DE PARANA
Apuntes sobre la identidad arquitectónica de Paraná
9 de Abril de 2012
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El concepto ciudad puede ser trasmitido de forma teórica. Claro que su comprensión es más rápida si existe ya la experiencia ciudad.
La ciudad es suma de espacios con determinadas formas. Con diferentes funciones. Planificadas y/o espontáneas. Calles, plazas, parques, casas, edificios, terminales, hospitales, etc.
Entonces, desde ese punto de vista, toda ciudad es parecida a cualquier otra, y su aprehensión intelectual las agrupa dentro de lo que podríamos llamar símbolo “ciudad”.
La diferencia radica cuando a cualquier una de ellas se le aplica la variable “tiempo”. La que lleva implícita la historia de los hombres.
En términos individuales, mi tiempo, tu tiempo, el tiempo de él, nuestro tiempo. O lo que es lo mismo mi historia, tu historia, la historia de él, nuestra historia.
Ahí pasa a ser mi ciudad. Tu ciudad. La ciudad de él. Nuestra ciudad. Diversidad inherente a su fundación y desarrollo. Perpetuo en cuanto haya historia. Es decir cultura.
Aquí se vive y aquí se cría. Y tal como los personajes de un libro, pueden ser autoría de una sola persona, que cuando lanzados a lo colectivo pierden esa propiedad unitaria, y se hacen propiedad colectiva.
La ciudad es una creación colectiva. Por la construcción propiamente dicha de cada uno de sus espacios, o por su apropiación inmediata por todos sus integrantes, y que se produce de manera espontánea e instantánea.
Ciudad es entonces una línea de tiempo. Es el desarrollo cultural de varias generaciones que van agregando paulatinamente sus valores y modificando su forma a medida que le agregan historia.
Y aquí el nudo gordiano a resolver: agregar sin destruir. Amalgamar lo que pasó a lo que está pasando. Y que el resultado pueda ser “leído” por las diferentes historias que allí ocurren y que no sean barreras a las historias que vendrán. No quiero hablar de futuro, pues no existe como algo concreto. Nadie puede vivir en el futuro. Ni en el pasado. Ahora el pasado puede y debe tener huellas que lo hagan también hoy. Y a la manera de Borges, digamos que el futuro es la esperanza del presente.





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Esta galería de fotos muestra las modificaciones sufridas por las ochavas. Destacable es la altura de las edificaciones siendo que antiguamente una planta equivalen a dos de la actualidad. Ejemplos estos en lo que se comparam el pasado y presente, evidenciandose la pérdida de la escala humana en las soluciones actuales.
Entonces pequeñas gotas o semillas de esa esperanza deben también ser celosamente cuidadas, hoy, para el perpetuo y constante devenir.
Imaginar un futuro e materializarlo como si fuera hoy es adelantarse en historias que todavía no ocurrieron. Es también deformarlas antes de su nacimiento. Es defraudar la historia.
La flexibilidad necesaria a todo aquel que participa activamente en la construcción debe estar apoyada en el respeto a los que van a apropiarse de ese espacio, y también a los principios mínimos que dieron origen y vida a la ciudad hoy.
No es posible dejar todo como dispusieron los originarios habitantes, petrificar todo fiel a una posición de extremo. Y tampoco demoler todo, fiel a la posición del otro extremo.
Para conservar como postal, está la fotografía y los monumentos.
Hay casos que la arquitectura deja de ser tal y se transforma en monumento. También puede ser ruinas, que adquieren esa condición. Son estatuas de una forma que fue viva y por su belleza o importancia histórica, merece y debe ser conservada.
Ahí marco la condición esencial de la arquitectura. La de estar viva. Con historias dentro de sus espacios. La de los abuelos, los papás y la de los nietos. Juntas
Entonces, para mi, hay hechos arquitectónicos que se conservan exitosamente, pues esa actitud de rescate o de permanencia viene de dentro hacia fuera. No es el mirar iluminado de alguien que por su capricho y voluntad, hace que tal elemento se conserve y sea realmente vivido. Es necesario que funcione con historias dentro y fuera de él.
La colectividad, uso ese término coherente con el concepto de apropiación colectiva, entonces determina que, cuando y como una forma y un espacio debe ser conservado
Pueden ser o una casa u otra construcción cualquiera. Su readecuación a nuevos usos y costumbres son provocados, aceptados y entonces vividos por las historias que ambulan por la ciudad.
La importación de ejemplos teóricos de otras latitudes, significa el contrabando implícito de historias foráneas que de alguna manera van a deformarnos y colonizarnos.
Dejo las nuevas tecnologías fuera de este escrito ya que merecen análisis separado. Pero como nota al pie se deja constancia de la necesidad de su aplicación, y la aceptación de las nuevas formas que aparecen obligatoriamente.
Paraná obedece en rasgos generales al damero español. Más o menos. Hay diagonales, Alameda de la Federación (ex - Rivadavia) y Echagüe por ejemplo, que son desobedientes. O el pasaje Falucho, irreverente y por lo tanto simpático y por eso querido. Además la ampliación de sus límites generó situaciones esdrújulas y de aparente rebeldía a las primeras condiciones de lo paralelo y lo ortogonal.








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Esta galería de fotos muestra edificios en uso actual, siendo que algunos conservan las funciones para las que fueron proyectados. Otras las cambiaron. Pero ambos respetaron sus formas e composición originales. Hay ejemplos de construcciones recicladas y nuevas que respetan los lineamentos básicos del urbanismo paranaense.
Pero el uso total de lo privado, sin ingerencia ninguna de lo público, determinó una configuración urbanística común a muchas de nuestras ciudades damero. Esa forma de disponer del "lote" es una reafirmación de la propiedad privada. No se ofrece nada al vecino. Lo mío es mío.
La consecuencia de tal actitud (no hay critica en estos comentarios. Es así) son calles y veredas enyesadas, como niños que permanecerán niños pero con las exigencias propias a la adolescencia, a la adultez y a la vejez. Siempre con el mismo cuerpo. Se crece solamente por dentro pero la piel continua la misma. Es seguro que en algún momento el cuerpo colapsa y es inútil para la función del contener todo.
Los paranaenses del inicio no podían preveer muchas de las cosas que tenemos hoy. El auto por ejemplo. Y mucho menos la cantidad de ellos que circularían frente a lo que una vez fue su casa. Y mucho menos los, para sus ojos, inmensos camiones y colectivos que en el número de "muchos" transitarían esas calles que van quedando pequeñas para semejantes exigencias.
Y que decir de la gente…ese enorme e interminable pasar de personas desconocidas entre las cuales, tal vez alguna vez se distingue un vecino.
Pero el ADN no es posible de modificar de un día para el otro. Solamente la evolución lo hace posible.
Paraná está actualmente enyesada. No hay solución a la vista. Imposible adecuar sus calles a las nuevas premisas de la vida moderna. Vamos a sentirnos incómodos. No hay duda.
Las calles de Paraná, sobre todo "entre bulevares" (a la manera antigua de decir) está totalmente edificada sobre la línea de edificación y todas las construcciones ocupan todo el ancho del terreno. De medianera a medianera. Y el resto de la ciudad está copiando esa manera de uso del predio.



Las ventanas dan a la vía pública. Los balcones, cuando los hay ídem. No hay transición entre la vivencia callejera y la intima de las personas.
Los arquitectos, ingenieros y constructores de tiempos pasados se vieron entonces en verdedros aprietos para mostrar, como lo hicieron exitosamente, sus talentos.
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Esta galería de fotos muestra diferentes situaciones da la calle paranaense. Desde la tradiconal, que conserva en la mayoría de las construcciones que posee, el criterio de altura comum y de escala humana. Y situaciones en la que el avance de las construcciones de gran altura, en la linea de edificación, provoca su enyesamiento y impide un crecimiento que la habilite a contener nuevas exigencias.
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